Y entonces dejé de tener el control de mi vida;
He llegado al punto
donde ya no puedo más.
No sé si me entendéis.
Me refiero
a ese punto
en el cual no sabes lo que hacer.
La vida te empieza a dar vueltas
y entonces te señala dos caminos:
los dos son malos.
Uno da al vacío -que es oscuro-,
otro a la soledad.
La verdad es que la vida es una puta,
te tropiezas,
te caes,
te levantas
y ahí está ella;
te vuelve a poner el pie,
sólo para verte sufrir.
Y así es,
vuelves a sentir dolor, tristeza y decepción.
siento un dolor
un dolor intenso en la parte izquierda
y necesito a alguien
que me diga
que todo va a estar bien,
o simplemente sentarme encima de una colina
y mirar el paisaje:
observar como los pájaros vuelan libremente,
como las ramas se mueve
y le echan la culpa a la brisa,
sin saber las causas de porque ella
arrasa con todo.
Sólo necesito estar solo,
como el poeta necesita la cremallera de su herida
para abrirse y revelar sus sentimientos.
Pero me he dado cuenta,
en este mismo instante,
que no necesito estar solo
porque al mirar mi alrededor
no tengo a nadie
que me salve
de todo este desastre.
Nadie en este mundo
sabrá lo que estás pasando
ni aunque se lo dijeses o dibujases
tropecientas millones de veces.
Nadie puede salvarte,
y me repito muchas veces
que tengo que seguir para delante,
que aunque la vida tenga mil y unas situaciones
de color negro,
tengo que pintarlas de colores claros,
Sólo voy a dejar algo claro,
llevo solo desde hace mucho,
y saber eso duele;
pero saber que duele,
duele el doble.