Dejar de ser uno mismo
para ser otra persona
es
un
suicidio.
La tendencia a la entrega;
el dar antes de siquiera plantearse
qué es lo que uno tiene.
Y es que lo único que realmente tienes
eres tú.
El amor es para ser de sí mismo
y de nadie más.
Nosotros somos para ser de nosotros mismos
y de nadie más.
La propiedad en un hulo hecho ley
y en el amor los códigos no son normas.
Lo puro no tiene dueño,
porque en el momento en el que lo tiene
automáticamente se desnaturaliza.
Lo auténtico,
lo realmente auténtico,
es aquello contra lo que no somos capaces de enfrentarnos
y que por esta absurda humanidad que nos
empuja a vencer
acabamos distorsionando.
El amor es autenticidad.
El amor muere en una cuestión personalizada,
en una cuestión cuando no va al aire.
La propiedad genera necesidad de algo incierto
que hacemos cierto y estable.
Somos equilibristas emocionales.
Y es cierto que me tengo,
que te tienes,
que nos poseemos
pero no somos propietarios entre nosotros;
porque sobre todo
y ante todo,
lo que realmente quiero es seguir
siendo yo,
que seas tú,
y no tener que necesitarnos nunca.