-¡Adiós! ¡Adiós! ¡Buen viaje!
Pero pronto se comprueba lo de siempre: que el tren no se iba aún, sino que estaba haciendo maniobras, y durante un rato nadie sabe qué decir; todo el mundo mira el reloj, hasta que, al fin, recomienzan, también en varios idiomas, esos clásicos diálogos de las despedidas, en los que nos hemos apoyado algunos filósofos de la escuela pesimista para sostener que la idiotez es internacional. Por ejemplo:
-¿Se te olvida algo de lo que llevas en las maletas?
O también:
-El tiempo es bueno; tendrán ustedes una agradable travesía.
-Sí; a no ser que el tiempo se ponga malo; en cuyo caso la travesía será desagradable.
Etcétera, etc.