Te cambio tres excusas por tres motivos
si miras hacia delante un segundo.
Te cambio tres pasos hacia delante
por tres hacia atrás si prometes que vas a seguir
mirando al frente.
A menudo se nos olvida que el vértigo no se siente
sólo cuando miras hacia abajo.
Que también se siente cuando vuelves la vista hacia atrás,
hacia ese pasado que tanto pesa;
yo siempre fui de perder el equilibrio
hasta que encontré en tus ojos dos razones por las que no caer,
aunque no caer no implica estar sentada
y eso es algo que aún hay muchos que no entienden.
Que tú no estás para luchar por nada ni nadie,
y yo ya fui de farol demasiadas jugadas con tal
de no perder una partida al amor.
Que no estoy para que me quiten caramelos de la boca;
y mucho menos si es con besos;
que las únicas derrotas que quiero saborear
son conmigo misma besando el suelo frío
en una noche de verano.
Que prefieres las excusas a los motivos
y seguir mirando al frente,
y lo respeto,
pero en las guerras,
sólo se gana cuando hay una razón.
A mí las fuerzas me han nacido de las razones que
me quitas,
y voy a tener que quemarlas.
Para querernos seguramente tengamos que
destrozarnos antes,
y es un precio demasiado alto para esta burda
cobardía.
Pero esta noche prefiero ser valiente,
o al menos honesta,
y reconocer que todo lo que te echo de menos
es culpa mía.