A los que me regalaron flores con espinas
acompañadas de besos para curar las heridas,
a esos nunca les escribí.
Nunca les escribí a los que me encerraron
con más fuerza en su recuerdo,
a los que pidieron que no me fuera,
a los que pidieron que volviera
sabiendo que ya no era amor,
que era el camino hacia el olvido;
a esos nunca les escribí.
No escribí a los que se tragaron lo que sentían,
a los que no supieron retirarse a tiempo,
a los que vaciaron su corazón
para llenar el mío
aun sabiendo que me lo llevaba lejos.
A los que no entendieron el adiós,
a ellos,
a ellos nunca les escribí.
A los mejores hombres que he conocido
jamás les escribí;
por una sencilla y estúpida razón:
se les dio demasiado bien
hacerme feliz.